9.11.09
5.11.09
¡No a mí!
Aquella mañana Naomi Campbell se había levantado de muy mala leche. Le había costado bastante separarse de la cama, y hacía más de cinco minutos que había llamado al servicio de habitaciones del hotel pidiendo su desayuno de siempre. No entendía cómo podía resultarles tan complicado traerle zumo de pithaya y unas tostadas de pan de semillas de amapola azul con mantequilla de leche de búfala indonesia. Su vida sí era complicada. Que si “coge un vuelo para Londres”, que si “coge un vuelo para París”, que si “cálzate estos taconazos hipercaros”, que si “ponte este albornoz de lana vírgen y sonríe a cámara...” ¡Uff! Sólo de pensarlo volvía a entrarle sueño. Cuando se disponía a recostarse en la chaise-long de cuero blanco de la suite, traída expresamente de un diseñador de mobiliario noruego a petición suya, sonó el timbre.
No se dio mucha prisa en abrir. Se vistió con un camisón de seda blanco, regalo de su amigo Jean Paul Gaultier, y se calzó los zapatos de tacón de aguja que tenía al lado de la cama para desfilar con todas las de la ley hacia la entrada de la estancia. Cuando al otro lado de la puerta descubrió a una de las mujeres del servicio, esbozó una media sonrisa al tiempo que dirigía su mirada a la jarra de zumo que traía la subordinada. Se puso blanca -todo lo blanca que puede ponerse una negraca- al descubrir que el líquido verde de la jarra no era, ni por asomo, zumo de pithaya. Y no se molestó en abrir la boca para quejarse.
Naomi dio un salto totalmente cinematográfico y, en un alarde de autocontrol físico -mental no tanto- pateó la cara de la sirvienta tan rápido que parecía que estaba haciendo un sprint en un muro vertical.
A la sirvienta no le dio tiempo a reaccionar. Cuando se dio cuenta, los zapatos de chúpame-la-punta de la top le habían sacado los ojos, atravesándole el cerebro, y su cabeza parecía un surtidor de sangre y sesos. Su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo, retorciéndose en espasmos mientras teñía de rojo oscuro la moqueta de la suite.
A continuación, Naomi se agazapó sobre la moqueta, pasando un dedo sobre ella y por sus labios después, para utilizar como carmín la sangre de la camarera.
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se ha(n) mojado... ¡Mójate!
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29.10.09
Con la churrería hemos topado
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Pedrh2o
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1 se ha(n) mojado... ¡Mójate!
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29.9.09
Aldo Raine VS Lisbeth Salander
Hace varios días que intento publicar esta entrada. Bueno, miento. Lo intenté un día, pero cuando tenía la entrada a medio escribir, me quedé sin conexión y no pude terminarla.
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Pedrh2o
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9.9.09
La Marea
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Pedrh2o
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1.9.09
Waterproof (II)
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14.7.09
Kôrogi a Mari en el Alphaville
De After Dark, (c) Haruki Murakami, 2004
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Pedrh2o
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11.6.09
7.4.09
Ha intentado quitarse la vida en más de una ocasión, pero para su desgracia nunca lo ha logrado.
Primero fue aquel lienzo que tiñó de rojo oscuro tras cortarse las venas, obsesionada con plasmar una parte de sí misma más real que cualquier otra de sus pinturas. Después, sus muchos intentos de crear algo único tras haber ingerido cantidades disparatadas de alcohol y drogas.
Últimamente, sin embargo, algo completamente diferente le ronda la cabeza. Una nueva idea, tan descabellada como las demás para cualquiera de nosotros, pero diferente e igualmente atractiva para ella, ciega ante el riesgo que corre cada vez que da rienda suelta a su inspiración. Una nueva idea que lo cambiará todo, que conseguirá que sea recordada como siempre ha querido.
Mary Jane se levantó hace un rato. No madruga mucho. Está tomándose un café y pronto empezará a pensar cómo conseguir su objetivo.
Automáticamente, recoge de una pequeña lata metálica decorada por ella misma un montoncito de hierba seca, y lo enrolla en un papel semitransparente dándole forma de cigarrillo. El proceso no le lleva ni un minuto. Es una experta liando canutos. Podría ser famosa por eso, sin duda, pero ha elegido un camino más tortuoso para alcanzar la perdurabilidad eterna. En realidad no es tan tortuoso, pero lo excéntrico de la obra es lo que lo hace arriesgado. Arriesgado y paradójico... ¿Por qué no conformarse con aprovechar su tiempo? ¿Por qué esa necesidad de seguir aquí de alguna forma? Ella es la única persona que conoce que siente esa necesidad y no se lo explica. Probablemente no puede.
Después de darle unas largas caladas al porro, se levanta, tambaleándose, con una extraña mezcla de excitación y modorra, y se dirige a la ventana que ilumina el salón de su pequeño apartamento. Recoge del alféizar un pequeño vaso de plástico, del tamaño del tapón de una botella de agua, y lo rellena con un puñadito de tierra de una maceta cercana y unos cuantos cañamones. Segundos después, se lo mete entre las tetas y lo coloca de forma que queda inmovilizado.
Su plan se va perfilando, aunque la inmediatez no es algo que lo caracterice. Sin embargo, el drama y el efectismo están asegurados. Lo que quiere hacer para ser recordada como una gran artista es, extrañamente, entrar en comunión con la naturaleza que tiene más a mano. Demostrar que no está tan obsesionada con su propia obra como todos piensan, que también es capaz de preocuparse del mundo que le rodea. Aunque para ello tenga que poner su vida en peligro (otra vez).
Tal vez no sabe hacer las cosas de otra manera. Tal vez estaba escrito que tenía que hacerlo así.
Por su cabeza van pasando diferentes momentos del desarrollo de su nuevo trabajo. La planta creciendo, la planta clavando sus raíces en su piel, la planta tornándose rojiza por el color de su sangre-savia. La planta de marihuana completamente desarrollada y preparada para ser secada y procesada.
Le parece curioso, sin embargo, que en ninguno de esos momentos aparezca ella. Si es una obra tan personal, tan transgresora... ¿Por qué su autora no protagoniza ningún gran momento junto a ella? Eso le inquieta, pero no le da más vueltas.
Se levanta, va hacia la nevera y coge la botella de agua que ha dejado sin tapón. Después de beber un largo trago, deja escurrirse entre sus labios un chorro fino y brillante que resbala por su mentón y su cuello hasta empapar la tierra del tapón que esconde entre sus pechos. La sensación es tan embriagadora que no puede evitar jadear como si estuviera corriéndose.
Gimiendo, con la boca entreabierta y los ojos entornados, clava su mirada en la estantería que tiene delante. Es donde Pedro, su compañero de piso, ordena el material para sus clases de Inglés.
Una duda infantil la invade y se siente empujada a resolverla con urgencia.
Descalza sobre la tarima, avanza a grandes zancadas hasta la estantería y agarra con fuerza el enorme diccionario de Inglés-Español/Español-Inglés de su amigo.
Como controlada por una fuerza externa, llega a la M y busca con avidez una palabra, dudando si ése es el lugar más apropiado para encontrarla.
No se equivoca.
marihuana sustantivo femenino marijuana, Mary Jane, sí, tú.
escrito por
Pedrh2o
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12:48
4
se ha(n) mojado... ¡Mójate!
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21.2.09
Sigo nadando [Interlude]
escrito por
Pedrh2o
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17:54
1 se ha(n) mojado... ¡Mójate!
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