9.11.09

5 y 7

5.

[...]

Sólo esa vez, excentrado como un matador mítico para quien matar es devolver el toro al mar y el mar al cielo, vejó a la Maga en una larga noche de la que poco hablaron luego, la hizo Pasifae, la dobló y la usó como a un adolescente, la conoció y le exigió las servidumbres de la más triste puta, la magnificó a constelación, la tuvo entre los brazos oliendo a sangre, le hizo beber el semen que corre por la boca como el desafío al Logos, le chupó la sombra del vientre y de la grupa y se la alzó hasta la cara para untarla de sí misma en esa última operación de conocimiento que sólo el hombre puede dar a la mujer, la exasperó con piel y pelo y baba y quejas, la vació hasta lo último de su fuerza magnífica, la tiró contra una almohada y una sábana y la sintió llorar de felicidad contra su cara que un nuevo cigarrillo devolvía a la noche del cuarto y del hotel.

[...]

7.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.
Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instántanca muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

De Rayuela, (c) Julio Cortázar, 1984

5.11.09

¡No a mí!

Aquella mañana Naomi Campbell se había levantado de muy mala leche. Le había costado bastante separarse de la cama, y hacía más de cinco minutos que había llamado al servicio de habitaciones del hotel pidiendo su desayuno de siempre. No entendía cómo podía resultarles tan complicado traerle zumo de pithaya y unas tostadas de pan de semillas de amapola azul con mantequilla de leche de búfala indonesia. Su vida sí era complicada. Que si “coge un vuelo para Londres”, que si “coge un vuelo para París”, que si “cálzate estos taconazos hipercaros”, que si “ponte este albornoz de lana vírgen y sonríe a cámara...” ¡Uff! Sólo de pensarlo volvía a entrarle sueño. Cuando se disponía a recostarse en la chaise-long de cuero blanco de la suite, traída expresamente de un diseñador de mobiliario noruego a petición suya, sonó el timbre.


No se dio mucha prisa en abrir. Se vistió con un camisón de seda blanco, regalo de su amigo Jean Paul Gaultier, y se calzó los zapatos de tacón de aguja que tenía al lado de la cama para desfilar con todas las de la ley hacia la entrada de la estancia. Cuando al otro lado de la puerta descubrió a una de las mujeres del servicio, esbozó una media sonrisa al tiempo que dirigía su mirada a la jarra de zumo que traía la subordinada. Se puso blanca -todo lo blanca que puede ponerse una negraca- al descubrir que el líquido verde de la jarra no era, ni por asomo, zumo de pithaya. Y no se molestó en abrir la boca para quejarse.


Naomi dio un salto totalmente cinematográfico y, en un alarde de autocontrol físico -mental no tanto- pateó la cara de la sirvienta tan rápido que parecía que estaba haciendo un sprint en un muro vertical.


A la sirvienta no le dio tiempo a reaccionar. Cuando se dio cuenta, los zapatos de chúpame-la-punta de la top le habían sacado los ojos, atravesándole el cerebro, y su cabeza parecía un surtidor de sangre y sesos. Su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo, retorciéndose en espasmos mientras teñía de rojo oscuro la moqueta de la suite.


A continuación, Naomi se agazapó sobre la moqueta, pasando un dedo sobre ella y por sus labios después, para utilizar como carmín la sangre de la camarera.


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29.10.09

Con la churrería hemos topado

Ha vuelto a trabajar. El 5 de octubre le llamaron ofreciéndole la posibilidad de elegir entre 3 meses a media jornada en Manzanares y 1 mes a jornada completa en Alcázar de San Juan. Como todavía no ha tenido huevos de obtener su driving license y necesita tiempo para la autoescuela y las oposiciones, optó por la opción más cómoda: hay autobuses desde La Solana a Manzanares prácticamente cada hora, y media jornada le viene muy bien para estudiar y mejorar su técnica de conducción.

Como siempre que le llaman, primero ha de ir a Ciudad Real a resolver los papeleos pertinentes y luego presentarse en el centro. La primera parte suele hacerla con calma. Se coge el autobús a la capital, se pasa por la Delegación a lo suyo y luego se va a desayunar y darse una vuelta antes de ir al instituto correspondiente. Cuando se acerca la hora de ir al instituto suele estar de los nervios, con náuseas de embarazada y voz temblorosa.

Sin embargo, esta vez la cosa no fue para tanto. Una vez más, temía tener que darle clase a niñatos incivilizados, pero como ya había pasado por alguna que otra experiencia chunga, iba prevenido y supo controlarse mucho mejor, evitando que el miedo se apoderara de él. Eso, hasta que llegó y le comunicaron -luego se demostraría que erróneamente- que su sustitución sería mucho más larga de lo que en un principio imaginaba.

La primera toma de contacto con el equipo directivo y los profesores que andaban a esa hora por la sala de profesores no pudo ser mejor. Desde un primer momento se sentía a gusto entre esas paredes y con aquellas personas. La cosa cambió radicalmente cuando se acercó a la que sería su taquilla y descubrió pegado en la puerta un horario muy desconcertante, por el que intuyó que tendría que impartir Educación Física y Música en Inglés. Por lo de la música podría pasar, pero... ¿Educación Física? ¿No le habían visto? No había otra asignatura que odiara más, gracias en parte a una maestra un poco enana y con mala leche que le hizo la vida imposible en Primaria.

Las dudas pronto se vieron aclaradas, y no, no tendría tan mala suerte. En realidad se haría cargo de un 1º y un 4º de la ESO, ambos grupos con una competencia muy baja en su asignatura, pero reducidos y fáciles de controlar... o eso pensaba él.

Tampoco tuvo la suerte de empezar a dar clase ese mismo día. Al ser part-time teacher, el jueves podría quedarse en casa haciendo lo que estimara oportuno (test de la autoescuela, estudiar para las oposiciones, cursos online para las oposiciones, dormir, etc.), así que cuando le dieron su horario y le explicaron dónde estaba todo y quién era quién, pudo irse a casa.

El viernes sería el día D.

A segunda hora empezaba sus clases con el 1º. Las expectativas estaban cachondas. Le habían dicho que era el peor grupo del instituto en todos los aspectos -ya había oído eso antes- y la sensación de embarazo psicológico comenzaba a aparecer tímidamente. Menos mal que la profesora a la que sustituía apareció oportunamente para hacer la presentación menos traumática. En aquella pequeña aula le esperaban 5 chavalillos con cara de haber vivido mucho y querer aprender poco, pero no se desanimó y el primer contacto fue bastante bueno. Uno le cantaba canciones de Los Chunguitos, otro le enseñaba un libro con fotos de plantas de marihuana tan altas como las Torres Petronas de Kuala Lumpur y todos, en general, hablaban como si estuvieran en un mercaíllo vendiendo ajos y ropa usada. Entre sus "Jura!" y "Mal cáncer te salga!" pudo dar algo parecido a una clase, y cuando había conseguido captar la atención de su público, repasando los nombres de los diferentes edificios de la ciudad, R respondió a la pregunta What's the meaning of 'church'? como si llevara esperándola toda la vida:

-¡Churrería!

Aquello llevó a Pedro, nuestro protagonista, muy cerca y muy lejos en el tiempo en el mismo ídem. Se acordó de los profesores que minutos antes planeaban en el Teachers Lounge escapar al instituto de al lado y rumialse unos churritos con el café, pero también de su adolescencia jugando al churro y otros juegos menos infantiles. Y unos minutos más tarde, descubrió que en aquel centro trabajaban profesores que le habían dado clase en diferentes etapas de su vida. 3 de ellos, nada menos. Y luego le regalaron una Agenda con forma de iPhone. Y la sensación de angustia que le embargaba desapareció por completo. Y comenzó a sentirse extrañamente bien, orgulloso de dedicarse a lo que se dedicaba, y feliz por hacerlo en aquel lugar.

La última clase de la mañana fue su estreno con 4º D. Otro grupo pequeño con aplastante mayoría masculina (9-1) y no menos deficiencias respecto al inglés que los chicos de 1º.

I ya se perfilaba como el mayor obstáculo para dar una clase sin sobresaltos -aunque esto no tendría por qué ser algo negativo siempre- y M ganaba puntos a cada minuto para convertirse en su favorito, aunque se declarara fan de Slipknot sin avergonzarse.

Pedro cree haberles caído bien, aunque les ha dicho más de una vez que su clase más que una clase parece un centro ocupacional. La mitad del grupo ha causado baja esta semana porque empiezan a presentar síntomas parecidos a los de la Gripe A...

¿Cuándo se cogerá la baja él?

29.9.09

Aldo Raine VS Lisbeth Salander

Hace varios días que intento publicar esta entrada. Bueno, miento. Lo intenté un día, pero cuando tenía la entrada a medio escribir, me quedé sin conexión y no pude terminarla.


Venía a decir que estoy cansado de la familia Rivera de que mis directores favoritos no paren de hacerse auto-homenajes y auto-referencias a cada momento, como intentando conectar con sus nuevos adeptos, sin importarles que a los que les seguimos de muchos tiempo la cosa nos empiece a chirriar, por no decir joder.

Me di cuenta de esto viendo después de muchos años La flor de mi secreto, de Almodóvar. En esa película, el personaje protagonista, interpretado por Marisa Paredes, escribe una historia sobre una mujer que mata a su marido y esconde el cadáver en un frigorífico... ¿Os suena? Sí, claro, Penélope Cruz hace lo mismo en Volver. Antes de eso, Gael García Bernal se encasqueta en La mala educación un pelucón à la Miguel Bosé en Tacones lejanos para meterse en la piel de Zahara. Aunque el tema de la peluca y el playback es algo asumido ya como característico en las películas de mi paisano, eso de reciclar argumentos es algo menos interesante.

En su momento me ahorré escribir sobre Los abrazos rotos, porque, aunque me había gustado, me había dejado un poco frío. Y no poca culpa de eso la tiene la subtrama de Chicas y maletas, una película inacabada del personaje de Lluís Homar en el film, que no es sino una recreación moderna del hit del manchego Mujeres al borde de un ataque de nervios.

Con Inglourious basterds, la nueva película de Tarantino, yo esperaba llevarme la sorpresa del año, como cuando disfruté como un enano la aventura épica de Kill Bill en sus dos excelentes entregas, plagadas de escenas memorables de gore pop sobre un guión realmente fantástico.

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Pero no ha sido así.

Es como si el bueno de Quentin pensara que tocó techo con Kill Bill y no quisiera seguir avanzando. La nueva andadura del director no es otra cosa que Kill Bill disfrazada de antinazismo. En lugar de Uma Thurman vestida para matar, tenemos a Brad Pitt, y en lugar de David Carradine, tenemos a Christoph Waltz, que incluso se parece en algunos de sus gestos. Ambos (Pitt y Waltz) están estupendos en sus respectivos papeles, pero la forma de la película no es precisamente lo más. Dividida en capítulos como Kill Bill, incluso parece copiar parte de los diálogos y la banda sonora de ésta, en lo que Jacinto, mi primo y yo interpretamos como una auto-referencia que podría esconder escasez de ideas frescas.

Hay escenas que sorprenden y actores que no conocíamos y nos gustan (el ya citado Christoph Waltz / Hans Landa, Mélanie Laurent), pero en general la sensación que transmite es fría. Sientes que necesitas que pase algo que nunca llega a suceder, y sales del cine entretenido, pero con la impresión de que podrías haber visto algo mejor. 6 / 10

Con la adaptación cinematográfica de Los hombres que no amaban a las mujeres ocurre todo lo contrario. El best seller del malogrado sueco Stieg Larsson es una novela oscura, siniestra (como La Pantoja) y bastante larga. Esto último es quizá el único pero que puede ponérsele al libro y, por extensión, a la película. Por cierto, yo siempre fui más de Carmina.

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Y digo esto porque la película es bastante fiel a la novela. Ambientes sórdidos, personajes ambiguos y lo que es más importante, carismáticos. No quiero contar mucho más por si alguien se anima a leer el libro y ver la peli a última hora (como he hecho yo).

El director, también sueco, no se ha molestado en contar con grandes estrellas para poner cara a los personajes de la familia Vanger, Kalle Blomkvist o la enorme Lisbeth Salander. Noomi Rapace le da por todas partes a Brad Pitt. Y esto, para que lo diga yo, defensor radical de las novelas frente a las adaptaciones (sí, Jacinto, aunque no haya leído El señor de los anillos), es mucho. 7 / 10

9.9.09

La Marea

La marea me dejó arenas de plata que pondré en el reloj del tiempo que no pasa.
La marea me dejó islas inundadas donde atrapar con mi red una historia de piratas.

La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas.

La marea me dejó aromas de un barco, algas tejidas en forma de desengaño.
La marea me dejó unas conchas sin nombre con que el niño hace un collar de un alfabeto que no entiende el hombre.

La marea me dejó cangrejos salados, burbujas de hielo y un libro en blanco.
La marea me dejó los versos borrados, la tinta, un borrón, un papel mojado.

Hoy hace una semana que tuve la oportunidad de ir a un concierto gratis de Vetusta Morla en las fiestas del vino de Valdepeñas, a 25 kms. de La Solana. No tenía muchas esperanzas en el espectáculo, ya que sólo me gustaban un par de canciones y no me había molestado en aprenderme muchas más, pero la verdad es que me sorprendió gratamente. Estuvimos cenando -muy a mi pesar- en las inmediaciones de la plaza (donde tendría lugar el concierto y donde tendríamos que haber cenado), y cuando volvimos ya estaba todo lleno de modernas de mierda, así que tuvimos que acoplarnos donde pudimos. Donde pudimos el sonido era demasiado fuerte, porque estábamos enfrente de un altavoz, pero eso no impidió que se escuchara la voz a lo Shakira del cantante, ni que nosotros -bueno, mis compañeros más que yo- coreáramos las canciones a voz en grito, en mi caso sobre todo Copenhague, La marea y Al respirar. Sí, las que más me gustaron fueron las más lentas. Hubo alguna más rápida que no estuvo nada mal, como Valiente con sus palmas, a pesar de que algunas frases de la letra me den cosica, como también pasa con La cuadratura del círculo o Saharabbey Road, que acabó -por lo visto siempre lo hacen- con una especie de Furor.

Y para furor, el sábado noche en la feria de Puertollano. Cenamos por la feria (como debe ser), y luego estuvimos haciendo botellón al lado de otro concierto, esta vez de Amaral. Hay que ver cómo han cambiado los maños desde que cantaban Rosita poniendo un sombrero en la acera. Llevan un escenario flipante, vamos, que ni Madonna en el Sticky & Sweet Tour, y no veáis las tablas que tienen. A Eva no se le escapa una nota y hasta El Calvo de la Lotería Juan Aguirre se anima a cantar (ya sé que canta una canción en el último álbum, pero no me parece especialmente buena y me sorprendió que se lanzara a cantarla ante un público tan peligroso...). Cuando llegamos ya habían cantado mi favorita, así que fue un poco chasco, porque el último disco no me ha customizado demasiado y no me he aprendido las letras, pero bueno, luego nos fuimos con el botellón a otra parte y nos olvidamos del concierto. Bebimos, bebimos, bebimos e hicimos de las nuestras, como siempre. Presenciamos una caída espectacular (no mía) y estuvimos a punto de presenciar otras tantas que yo podría haber protagonizado. Hubo cotilleos, comida, luces, batalla de bailes y, en general, mucha diversión.

Me gustaría extenderme un poco más, pero lo cierto es que me pillé una buena cogorza y no recuerdo la mitad de las cosas, como cuando al día siguiente me dijeron que había chocado con un segurata en pleno éxtasis alcohólico-dance y yo -pensando que aquello no podía ser cierto- asentía disimuladamente. Así soy yo.

1.9.09

Waterproof (II)

Hace tiempo volví a actualizar (por poco ídem), porque tenía ganas de escribir y había estado esperando, sin éxito, que me regalaran la cabecera que hoy veis en la parte de arriba de la página. Después, empecé a trabajar con cierta regularidad y, movido por vagancia más que por otra cosa, abandoné el blog a su suerte, alimentándolo con entradas sobre lecturas de autoría ajena o videoclips-excusa.

Me gustaría decir que esa etapa ha terminado, pero tampoco pondría la mano en el fuego. El curso empieza oficialmente en unas horas y, aunque no he tenido la suerte de aparecer en la lista de vacantes provisionales de mi comunidad, podría volver al trabajo en breve. No es que mi trabajo sea físicamente agotador o me quite tanto tiempo que me sea imposible dejarme ver por aquí de vez en cuando, pero los últimos meses del curso pasado fueron realmente frenéticos (y muy satisfactorios, ojo) y prefería darlo todo en mi recién estrenada profesión -aunque siguiera escribiendo- antes que publicar entradas sin sentido ni chispa ni interés.

Comentaría qué he estado haciendo todo este tiempo y dónde, pero prefiero no hacerlo. Quiero que esto cambie (a mejor) y voy a hablar menos de mí a partir de ahora. Intentaré ser más prolífico a la hora de escribir (críticas, relatos y otras cosas interesantes), pero no prometo que vuelva a hablar de mí, así, tal cual.

Aprovecho para agradecer con todo mi afecto a la gente de Plastico la aportación de esa alucinante cabecera que tanto esplendor le está dando a esta triste página en las últimas horas, y, sin duda, le seguirá dando durante muchísimas horas más.

Ahora sí, ¡hasta pronto!

14.7.09

Kôrogi a Mari en el Alphaville

Para las personas, los recuerdos son el combustible que les permite continuar viviendo. Y para el mantenimiento de la vida no importa que esos recuerdos valgan la pena o no. Son simple combustible. Anuncios de propaganda en un periódico, un libro de filosofía, una fotografía pornográfica o un fajo de billetes de diez mil yenes, si los echas al fuego, sólo son pedazos de papel. Mientras los va quemando, el fuego no piensa: "¡Oh, es Kant!" o "Esto es la edición vespertina del Yomiuri Shinbun", o "¡Buen par de tetas!". Para el fuego no son más que papelotes. Pues sucede lo mismo. Recuerdos importantes, otros que no lo son tanto, otros que no tienen ningún valor: todos, sin distinción, no son más que combustible. -Kôrogi asiente para sí. Luego prosigue-: Y ¿sabes? Si a mí me falta ese combustible, si dentro de mí no hubiera esa especie de cajón de recuerdos, hace tiempo que, ¡cras!, me habría partido en dos. Y me habría muerto en cualquier rincón, tirada como un perro. Gracias a ese montón de recuerdos, valiosos o insignificantes según el momento, que van saliendo del cajón, puedo seguir viviendo, soy capaz de soportar esta pesadilla. Aunque a veces me diga a mí misma que ya no puedo más, los recuerdos me dan fuerza para seguir adelante.

De After Dark, (c) Haruki Murakami, 2004

11.6.09

Volveré...

7.4.09

Mary Jane

La llaman Mary Jane por una vieja canción de Alanis Morissette, esa rockera para maricas místicas y bolleras autodestructivas. No tiene nada de bollera, pero si hay una palabra que la defina con exactitud, ésa es autodestrucción.

Ha intentado quitarse la vida en más de una ocasión, pero para su desgracia nunca lo ha logrado.

Primero fue aquel lienzo que tiñó de rojo oscuro tras cortarse las venas, obsesionada con plasmar una parte de sí misma más real que cualquier otra de sus pinturas. Después, sus muchos intentos de crear algo único tras haber ingerido cantidades disparatadas de alcohol y drogas.

Últimamente, sin embargo, algo completamente diferente le ronda la cabeza. Una nueva idea, tan descabellada como las demás para cualquiera de nosotros, pero diferente e igualmente atractiva para ella, ciega ante el riesgo que corre cada vez que da rienda suelta a su inspiración. Una nueva idea que lo cambiará todo, que conseguirá que sea recordada como siempre ha querido.

Mary Jane se levantó hace un rato. No madruga mucho. Está tomándose un café y pronto empezará a pensar cómo conseguir su objetivo.

Automáticamente, recoge de una pequeña lata metálica decorada por ella misma un montoncito de hierba seca, y lo enrolla en un papel semitransparente dándole forma de cigarrillo. El proceso no le lleva ni un minuto. Es una experta liando canutos. Podría ser famosa por eso, sin duda, pero ha elegido un camino más tortuoso para alcanzar la perdurabilidad eterna. En realidad no es tan tortuoso, pero lo excéntrico de la obra es lo que lo hace arriesgado. Arriesgado y paradójico... ¿Por qué no conformarse con aprovechar su tiempo? ¿Por qué esa necesidad de seguir aquí de alguna forma? Ella es la única persona que conoce que siente esa necesidad y no se lo explica. Probablemente no puede.

Después de darle unas largas caladas al porro, se levanta, tambaleándose, con una extraña mezcla de excitación y modorra, y se dirige a la ventana que ilumina el salón de su pequeño apartamento. Recoge del alféizar un pequeño vaso de plástico, del tamaño del tapón de una botella de agua, y lo rellena con un puñadito de tierra de una maceta cercana y unos cuantos cañamones. Segundos después, se lo mete entre las tetas y lo coloca de forma que queda inmovilizado.

Su plan se va perfilando, aunque la inmediatez no es algo que lo caracterice. Sin embargo, el drama y el efectismo están asegurados. Lo que quiere hacer para ser recordada como una gran artista es, extrañamente, entrar en comunión con la naturaleza que tiene más a mano. Demostrar que no está tan obsesionada con su propia obra como todos piensan, que también es capaz de preocuparse del mundo que le rodea. Aunque para ello tenga que poner su vida en peligro (otra vez).

Tal vez no sabe hacer las cosas de otra manera. Tal vez estaba escrito que tenía que hacerlo así.

Por su cabeza van pasando diferentes momentos del desarrollo de su nuevo trabajo. La planta creciendo, la planta clavando sus raíces en su piel, la planta tornándose rojiza por el color de su sangre-savia. La planta de marihuana completamente desarrollada y preparada para ser secada y procesada.

Le parece curioso, sin embargo, que en ninguno de esos momentos aparezca ella. Si es una obra tan personal, tan transgresora... ¿Por qué su autora no protagoniza ningún gran momento junto a ella? Eso le inquieta, pero no le da más vueltas.

Se levanta, va hacia la nevera y coge la botella de agua que ha dejado sin tapón. Después de beber un largo trago, deja escurrirse entre sus labios un chorro fino y brillante que resbala por su mentón y su cuello hasta empapar la tierra del tapón que esconde entre sus pechos. La sensación es tan embriagadora que no puede evitar jadear como si estuviera corriéndose.

Gimiendo, con la boca entreabierta y los ojos entornados, clava su mirada en la estantería que tiene delante. Es donde Pedro, su compañero de piso, ordena el material para sus clases de Inglés.

Una duda infantil la invade y se siente empujada a resolverla con urgencia.

Descalza sobre la tarima, avanza a grandes zancadas hasta la estantería y agarra con fuerza el enorme diccionario de Inglés-Español/Español-Inglés de su amigo.

Como controlada por una fuerza externa, llega a la M y busca con avidez una palabra, dudando si ése es el lugar más apropiado para encontrarla.

No se equivoca.

marihuana sustantivo femenino marijuana, Mary Jane, sí, tú.

21.2.09

Sigo nadando [Interlude]

Es curioso lo rápido que pasa el tiempo. Aún así, a veces nos atrevemos a jugar con él, manejarlo a nuestro antojo, no siempre de forma inteligente o productiva. Siempre se nos ha dicho que tenemos que aprovechar el tiempo que se nos ha dado, porque después de la muerte no habrá más tiempo que aprovechar. Yo no creo que haya vida después de la muerte aunque haya fantaseado cientos de veces con reencarnarme en un delfín o un tiburón blanco que dominara las aguas, pero tampoco puede decirse que esté aprovechando mucho mi tiempo aún a sabiendas de que cuando se haya acabado, habrá sido para siempre.

Tampoco lo estoy malgastando, ni mucho menos. Desde que empezó 2009 he estado ocupado yendo al neurocirujano más que nada por sugestión y trabajando aquí y allá durante breves períodos de tiempo. Primero -aunque fue mi segundo destino, en realidad- me llamaron para cubrir una baja en un instituto de Calzada de Calatrava, y, aunque en un principio la idea me seducía menos que tener una lamprea pegada a la polla, cuando se acabó -mucho antes de lo esperado- fue una putada. No sólo porque en el centro estaba bien y ya me había hecho con los chicos, sino porque además, por cuestiones logísticas, había vuelto a vivir en Ciudad Real y recordaba con nostalgia mi época universitaria allí, cuando Alberto y Jacinto (ahora con Nuria con ellos) me robaban la comida a cambio de darme todo su amor (heterosexual).

Ayer terminé en mi tercer centro. Esta vez -en Santa Cruz de Mudela- ha sido incluso peor. Sólo 4 días, y en un instituto lleno de animales salvajes. Tenía a mi cargo los grupos más pequeños (1º, 2º y 3º de la ESO) y puedo decir sin exagerar que el 90% de los chicos que tenía en clase merecen torturas chinas lentas y dolorosas durante una buena temporada para desarrollar algo mínimamente parecido al civismo.

Los profesores, sin embargo, han sido de lo mejor en los dos sitios. En Calzada coincidí en el Departamento de Inglés con una chica que había conocido en la carrera, y además había un profesor que conocía desde el colegio. Pero lo más fuerte sucedió en el otro instituto.

En mi primer trabajo, en Valdepeñas, cuando me conocieron me dijeron que allí había trabajado anteriormente otro Pedro Aguado, y sí, me encontré con él en Santa Cruz. Pero ahí no acaban las coincidencias. Los dos somos profes de inglés, los dos nos llamamos prácticamente igual (tenemos un segundo nombre diferente) y además los dos estábamos en el mismo aula del IES Torreón del Alcázar de Ciudad Real el 7 de julio de 2008. Sí, fue uno de los que estuvieron en mi tribunal cuando hice la segunda parte de las oposiciones. Muy fuerte.

Aparte de mi tocayo, en Santa Cruz coincidí con un profe de mi pueblo (una vez más, problemas logísticos solucionados) y tuve la suerte de tratar con más gente maja y agradable. Hasta tiré fichas -sin éxito- a ver si cazaba al guapérrimo profesor de Lengua.

Inconscientemente, pensando en mi tocayo no puedo dejar de pensar en mi futuro, y aunque en la lejanía aparece todavía incierto -y más desde las traumáticas horas impartiendo clase en Santa Cruz- dentro de poco recibiré mi nuevo MacBook y mi nuevo iPod nano de 16 GB y me olvidaré por unos días de estas cosas, como cuando volvió a vernos Nicola. Hasta que vuelvan a llamarme, como ha hecho el blog.

Me siento un poco como las Mujeres Desesperadas en la quinta temporada (estoy enganchadísimo, a ellas y a Skins), como si hubiera pasado un porrón de tiempo, pero con la total convicción de que sigo siendo el mismo. Y eso, aunque los días sigan pasando, no es nada malo.

PS: Sé que dije que volvería a actualizar con un diseño nuevo y rompedor, pero ya no podía estar más tiempo sin escribir y los responsables del diseño andan ocupados con proyectos paralelos más importantes. Seguiremos informando. Y muy pronto, relatando.